El mejor momento de Javier Milei…El peor momento de la Argentina

Por Sisto Terán Nougués.-
Política27 de febrero de 2026Redacción SLCRedacción SLC

argentina milei

Por Sisto Terán Nougués.- Javier Milei está en su apogeo. Nunca tuvo tanto poder, y esto le produce una sensación de omnipotencia y euforia permanente.

Esa euforia es proporcional a las angustias que a mediados del año pasado le estremecían. Quedó atrás ya el fantasma de esas malditas elecciones bonaerenses que auguraban funestos resultados. Las tensiones cambiarias que estuvieron a tan solo veinticuatro horas de explotarle en la cara fueron, gracias a Trump y Bessent con su inédito salvataje externo, aplacadas totalmente. Hoy aquellas zozobras son apenas un lejano mal recuerdo. Sistemáticamente el Congreso de la Nación le proporcionaba contundentes derrotas, pero de eso ya nadie, solo él se acuerda. En estos momentos ha disciplinado al Congreso sometiéndolo a sus caprichos, y el Senado que parecía ser un bastión infranqueable es hoy un juguete a su disposición con la oposición dividida y sometida y un peronismo en retirada.

Mauricio Macri, que tenía pretensiones de cogobierno ha sido aplastado en su propio distrito y sus otrora leales compañeros de ruta iniciaron la estampida previsible para pastar con avidez en los corrales libertarios.

Cristina Fernández de Kirchner languidece en su prisión domiciliaria y la sonoridad de su voz ha desaparecido hasta hacerse inaudible. La Cámpora huele a difunto y es ahora un desordenado intento de conservar espacios cada vez más minúsculos de poder, y, como amante despechada, sus esfuerzos se direccionan en el único objetivo de neutralizar todo amago de crecimiento político de Axel Kicillof.

Kicillof por su parte se muestra incapaz de extender los confines de su influencia más allá del territorio bonaerense y su figura no alcanza a despertar entusiasmos ni pasiones de ningún tipo.

Sergio Massa se recluye voluntariamente y espera con paciencia sucesos que no suceden.

La fugaz intentona de armado de los gobernadores de Provincias Unidas fue aplastada con salvajismo por el imperio del mandato popular que, con el voto, los desplazaron a remotos terceros lugares en sus propios reductos provinciales.

Los gobernadores peronistas, concluidas las escaramuzas electorales que les obligaban a dar batalla a los libertarios, vuelven con pasividad y sin rubores, a encolumnarse detrás de Milei y le aceptan hasta lo inaceptable a cambio de monedas que ni siquiera tienen la certeza del cuanto y cuando llegarán. Todo está permitido en la jungla para sobrevivir.

Las múltiples causas de corrupción que afligían al Presidente y su entorno, a nadie parecen importarle ya. Las coimas de Karina se diluyeron en el folclore de unos jingles que solo los memoriosos recordarán. La impunidad es total. Hasta le ha sido permitido firmar un decreto retirando el carácter de querellante del Estado Nacional en la causa que investiga la contracción de la monumental deuda externa generada durante el gobierno macrista. El detalle de color es que, el primer y excluyente beneficiario de ese decreto es el mismísimo Toto Caputo, el actual Ministro de Economía de la Nación.

Un decreto de estas características hubiera producido en otra instancia política, un revuelo fenomenal. En las presentes circunstancias el hecho pasó sin pena ni gloria, inadvertido por todos.

Con una inmensa alegría que lo embriaga de poder, Milei advierte que ha sometido a todos y a todas.

Ha logrado que quienes se decían radicales votaran contra las universidades públicas y que quienes se declaran peronistas voten contra la legislación laboral y cercenen derechos de los trabajadores. Ha partido al medio a los dos grandes partidos nacionales tradicionales obligándolos a renegar de la columna vertebral de sus respectivas doctrinas.

La política de campo arrasado ha tenido resultados espectaculares. Enfrente de su figura solo se yerguen figuras aisladas, fragmentarios residuos de antiguos armados políticos y testimonios desesperanzados de una República que se despedaza. El “sálvese quien pueda” es la consigna del momento, y todos rehúyen confrontar al león que ha emergido triunfante de las elecciones de medio término.

Milei es sin embargo un animal carnívoro, que necesita siempre nuevos enemigos para destrozar. Sin adversarios serios a la vista, hay riesgos de que la gente deje de mirar las peleas y advierta la desolación en torno suyo.

Los gremialistas y la Iglesia se debaten en la impotencia de ver que su influencia es casi insignificante. Como factores de poder se encuentran desdibujados completamente, sus voces no se escuchan, y han perdido sus aptitudes de seducir a sus propios afiliados y feligreses.

Empeñado en seguir buscando adversarios a los que aniquilar, Milei se lanza con entusiasmo y furor contra los resabios de periodismo independiente que pudieran subsistir a la fecha. Como muchos gobiernos hicieron ya en el pasado, el manejo de la pauta oficial es bendición y castigo direccionados a premiar o reprimir conductas editoriales. Ya había instado a sus seguidores a odiar a los periodistas con su consigna perversa de que “No odiamos lo suficiente a los periodistas”.

Pero esto le parece insuficiente. Con ínfulas dictatoriales crea la Oficina de Respuestas Oficial con el objetivo de desmentir activamente la mentira, señalar falsedades concretas y dejar en evidencia las operaciones de los medios y la casta política. Porque “solo ‘informar’ no alcanza si la desinformación avanza sin respuesta”.

Ni Goebbels lo podría haber escrito mejor.

En un párrafo sindica a los medios de comunicación como los socios de la casta política, esa informe entelequia que los argentinos han aprendido a odiar. Esa complicidad entre medios y casta es la que cuestiona el relato oficial y debe ser asfixiada. Ya tenemos un enemigo del que ocuparnos…

Además de un puñado de periodistas dispersos, quedan todavía algunos espíritus libres en la Argentina. Gozan de las libertades decisorias que el dinero otorga. Son los empresarios.

A Milei no le importa que estos reiteradamente le expresen su apoyo, que avalen sus políticas económicas y que toleren sus desplantes. No, él los quiere sometidos, humillados, avasallados.

Son los malditos “empresaurios” adjetivo de uso común en el lenguaje presidencial. Los que han sobrevivido a docenas de gobiernos y a decenas de crisis que parecían terminales. A ellos los quiere ver suplicantes el Presidente. Se ensaña verbalmente con ellos, los desprecia sin miramientos y no acepta sugerencias de ninguno. Asustados muchos de estos personajes ven sus ingresos reducirse, sus empresas tambalear y no tienen interlocutores de ningún tipo en un gobierno que ayudaron a instalarse y en el que inclusive incorporaron sus personas de confianza. Paolo Rocca será el comandante en jefe de la multinacional argentina más importante, pero para Milei será solo “Don Chatarrín de los tubitos caros”.

Karagozian habrá sido mentor y asesor presidencial, pero muy pronto fue despedido impiadosamente y sus empresas conducidas al quebranto y despidos de personal, al punto de que ya a principios de este año se habría presentado en concurso de acreedores.

Madanes Quintanilla es un empresario destacado, su familia hace noventa años que maneja negocios formidables en nuestro país. Dueño de ALUAR y de Fate, sus empresas se desarrollaron con prosperidad y superaron todas las políticas económicas desde las de la dictadura, pasando por Alfonsin, Menem, De la Rúa, la crisis del 2001, Duhalde, Néstor y Cristina Kirchner, Macri, Alberto Fernández y la pandemia.

Solo dos años le alcanzaron a Milei para fundir a Fate, obligarla al cierre de la empresa y al despido masivo de más de 900 trabajadores formales. De inmediato Madanes Quintanilla se transformó en el blanco preferido de los ataques de Milei y sus troles. De empresario estrella devino en incompetente, ineficiente y aprovechador prebendario de políticas estatales que perjudican al consumidor. Por todos lados salieron a pegarle desde el entorno oficial. No contentos con estos ataques y haber logrado destruir Fate, las huestes oficiales con sed de venganza va ahora tras la destrucción de ALUAR. El Boletín Oficial publicó este lunes la Resolución N°172/2026 poniendo fin a la normativa antidumping y dejando sin efecto un arancel del 28% sobre las importaciones chinas de aluminio.

¡Muera ALUAR, Viva China!

Uno por uno aprenderán estos empresaurios quién es Javier Milei, piensa para sus adentros el Presidente de la Nación, que parece obtener un insaciable placer en el hecho de someter al otro.

A todos aquellos que le auguraban mandato interrumpido o abreviado, les va quedando claro que hay Milei para rato.

Con este panorama político todo pareciera encaminarse a una cómoda reelección de Milei. Al menos esto se piensa en la Rosada.

Es evidente: Javier Milei está en su mejor momento.

¿Y la Argentina? Pues a mi juicio la Argentina está en su peor momento.

Milei ha iniciado con entusiasmo el proceso de destrucción creativa que preconizaba Joseph Schumpeter en 1942. Se trata de destruir lo existente para que resurja lo nuevo de las cenizas humeantes de lo destruido. Las vidas y esperanzas que se destruyen en el camino son para él un mero dato estadístico, una nota marginal al pie en la que no vale la pena detener la mirada ni un instante. La destrucción es inmediata, la prometida resurrección es incierta e inverificable. Es teoría y dogma que no repara en costos sociales. Es empujar a la exclusión a millones de personas.

Una buena parte de la sociedad argentina le dio a Milei carta blanca para destruir el Estado. Y lo está haciendo eficazmente. No hay área estatal que no se encuentre desfinanciada o paralizada con tres excepciones: Los gastos reservados de la SIDE, los gastos del área de comunicación oficial que financian el aparato mediático y de redes sociales del gobierno, y las partidas sociales de la AUH que le permiten mantener controladas a las masas marginales.

Todo lo demás está destruido.

La Salud Pública en crisis. Ni hablar de la Educación o la Ciencia y Tecnología. Desapareció la obra pública y nuestras infraestructuras se deterioran velozmente sin esperanzas de reactivación. Un Estado devastado en sus funciones esenciales y con la perspectiva probable de que el proceso se prolongue seis años más.

Es dable pensar que, con ese horizonte temporal hacia adelante, Milei, el autodenominado “topo” infiltrado con la misión de destruir al Estado, finalmente lo consiga, o al menos aniquile las funciones esenciales que explican la necesidad de un accionar estatal.

Pero la destrucción no se contenta con fulminar lo estatal.

También, y a paso acelerado se está destruyendo el universo de las PYMES (cerraron 22.000 en estos dos primeros años de gestión libertaria), el empleo formal registrado (con casi 300.000 bajas laborales en este período) y se está aniquilando la vapuleada industria nacional con una capacidad instalada ociosa cercana al 60%, asfixiada por una severa presión tributaria y cada vez más imposibilitada de competir con la apertura indiscriminada de importaciones.

Le llega ahora el turno a las grandes empresas de ser víctimas del fuego purificador de Milei. Fate no es la primera, ni será la última. Destrozados los pequeños y medianos, les toca ahora padecer el infortunio a los grandes. Quienes no estén involucrados en Energía o Minería, los dos únicos rubros favorecidos por las políticas gubernamentales, serán implacablemente aniquilados.

Mientras Milei disfruta las mieles del poder renovado que le concedió el triunfo de octubre pasado, Argentina está sumida en el peor de los flagelos económicos: La Estanflación.

Dos semanas atrás publiqué en esta columna que Argentina debía considerarse técnicamente sumida en un proceso de estanflación, esto es la temida combinación de inflación creciente y actividad económica en descenso continuo. Por estos días las voces de los economistas ortodoxos ya se elevan para coincidir con mis dichos. Melconian, Cachanovsky y el mismo Cavallo lo anuncian en forma pública.

Cavallo inclusive se muestra preocupado y dice que la estanflación es uno de los mayores males económicos que una Nación pueda soportar, de los más difíciles y complejos de solucionar. No es el peronismo agonizante quien está hablando. Es la ortodoxia que ya sabe, por haberlo sufrido en carne propia, de los peligros que se avecinan.

La carne sube, el gobierno interviene el INDEC para distorsionar los índices y que estos no reflejen el verdadero impacto en el bolsillo de la gente, las tarifas de los servicios públicos se tornan impagables, el endeudamiento y la morosidad de las familias llega a niveles récords, los cheques rechazados aumentan por horas y la cadena de pagos tambalea mientras se acumulan las quiebras, convocatorias, suspensiones y despidos.

Con este panorama resulta infantil la queja de Toto Caputo que pide aplausos y festejos por la sanción de la reforma laboral por parte del sector empleador. ¿Acaso no entiende el Ministro que nadie contratará ni un solo empleado nuevo si no tiene nadie a quien venderle sus productos?

No extraña entonces que, mientras Milei festeja, obtiene victorias legislativas y apaña la corruptela de su gente, el índice de confianza del consumidor que elabora la Universidad Di Tella se desplomó de manera brutal. Una vez más la política y la economía transitan por sendas separadas e inconciliables.

La paradoja libertaria pro mercado es que, bajo su reinado, la inversión extranjera directa arrojó saldo negativo por primera vez en 22 años. O sea que los capitales extranjeros están huyendo despavoridos, aterrados por el diseño de las políticas económicas libertarias.

Inclusive las importaciones llevan una caída consecutiva de cuatro meses en fila, con un abrupto desplome del 6.1% solo en el mes de enero del 2026. De nada sirve importar bienes baratos si no hay consumidores con dinero para comprar esos bienes.  

Caída del consumo, recesión persistente, descenso de las importaciones, pérdida inusual de inversión extranjera directa, inflación al alza por más de seis meses consecutivos, cierre de PYMES, despidos masivos, colapso de la industria nacional, parálisis y desfinanciamiento de las funciones esenciales del Estado, pérdida de los índices de confianza del consumidor, estancamiento cambiario que desalienta los procesos de exportación, grandes fábricas evaluando su salida del mercado argentino, advenimiento inocultable de un proceso nefasto de estanflación…

Argentina está pasando su peor momento. A no desalentarse sin embargo.

La fotografía de hoy no es la certeza del desarrollo de la película de mañana. Siempre queda la esperanza de que surja alguna alternativa racional que hoy no se vislumbra, pero que quizás alguien ya esté pensando, para amalgamar voluntades detrás de un proyecto de país más racional, que tome lo bueno y deseche lo malo.

Que consolide el diálogo y tenga la habilidad de sentar en la misma mesa a sectores diferentes, de genealogía política diversa, pero que tienen como común denominador la construcción de un país más sensato.

Mientras esa hipotética construcción política no se presente en sociedad con fortaleza y enjundia, Milei proseguirá su marcha triunfal y soberbia camino a una autocracia personalista y la Argentina sufrida, la de la economía real, seguirá padeciendo su agonía.

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